Aprender a pensar de forma positiva II

Aprender a pensar de forma positiva II

-Intente olvidarse de la culpa, es un sentimiento totalmente inútil, otra cosa es asumir la responsabilidad sobre nuestras decisiones y las consecuencias que de estas se deriven. Culparse a sí mismo significa atacar la propia autoestima. Culpar a los demás significa en muchas ocasiones quedarnos paralizados y no afrontar el problema, hacerse la víctima solo le llevará en alguna ocasión a provocar lástima, y rechazo en otras. -Hay que intentar eliminar de nuestro vocabulario las expresiones “debería”, “tendría que” o “habría que”, denotan inflexibilidad en nuestras forma de percibir tanto nuestro comportamiento como en el de los demás. Si cargamos nuestra vida con deberes u obligaciones, cada vez que no las cumplamos probablemente aparecerá el sentimiento de culpa que acabamos de mencionar. Son mucho más acertadas las expresiones “sería bueno”, “me gustaría”, “trataré de” etc. -Cuidado, los sentimientos nos pueden mentir: lo que sentimos depende enteramente de lo que pensamos. Como llevamos viendo en todos los capítulos anteriores, si nuestros pensamientos son erróneos, nuestros sentimientos también lo serán. Es decir, si siento que la vida es “una mierda”, no puedo llegar a la conclusión de que ciertamente esto es lo que es, sino, tengo que analizar mis pensamientos y valorar cuales son los errores que puedo estar cometiendo, probablemente “el filtraje”, solo me estoy fijando en los aspectos negativos de la realidad, obviando los positivos. -Nuestra vida depende de nosotros únicamente. La felicidad depende de cada persona, y más propiamente, de cada una de las decisiones tomadas. Hemos de decidir si me voy o me quedo, si trabajo de peluquera o de electricista, si digo sí o no. Los...
¿Qué delatan nuestras emociones?

¿Qué delatan nuestras emociones?

Hemos elegido un artículo del diario El País que habla las emociones, concretamente del Enfado, el Miedo, la Culpa, la Vergüenza y la Tristeza, cómo se activan, por qué y cómo nos afectan a cada uno son algunos de los interrogantes que este texto pretende despejar. FUENTE: El País. ¿Qué delatan nuestras emociones? El cerebro necesita el corazón para pensar, para activar el organismo y relacionarnos Solo hay que preocuparse cuando la tristeza, la rabia o la culpa se instalan permanentemente Todos hemos oído alguna vez comentarios del tipo: “Soy una persona lógica, sé dejar las emociones a un lado y analizar las situaciones objetivamente”. A Joseph LeDoux, uno de los más prestigiosos neurocientíficos actuales, le parecería muy gracioso. Esta afirmación lleva implícito el considerar la razón y la emoción como dos entidades totalmente separadas que se pueden activar o desactivar a voluntad. Algo muy lejos de la realidad. Ambas están más separadas en nuestra mente teórica que en nuestro tangible cerebro. La interacción entre la parte encargada de las emociones (amígdala) y la zona responsable del pensamiento racional (córtex) es constante, y las vías que los unen, complejísimas. Además existen más vías de la amígdala hacia el córtex que a la inversa, así que las emociones lo tienen muy fácil para influir en nuestros pensamientos. La razón lo tiene más complicado para manejar al “corazón”. A Antonio Damasio, otro gran neurocientífico, también le produciría hilaridad. Él ha demostrado que si se seccionan las vías que van de la amígdala (emociones) al córtex (razón), aunque la persona mantenga la inteligencia lógica intacta, sus decisiones suelen ser erróneas. Nuestro cerebro...
¿Es usted Hipocondríaco?

¿Es usted Hipocondríaco?

La hipocondría se define como un temor exagerado a padecer una enfermedad mortal, como por ejemplo un cáncer, infarto, SIDA, etc. Esto lleva a los Hipocondríacos a estar continuamente observando su organismo, para poder así detectar cualquier cambio o síntoma que les pueda indicar el inicio de alguna enfermedad grave. Otra consecuencia directa de este miedo es la gran cantidad de médicos y especialistas que visitan, se suelen hacer un número de pruebas médicas al año muy numerosas, las más comunes: electrocardiogramas, TAC, endoscopias, ecografías, etc. Aunque a veces se le dé una connotación cómica en determinados medios, el sufrimiento de las personas que lo padecen es muy alto. Tienen siempre niveles de ansiedad altísimos (con todos los síntomas que acompaña), y la mayoría acaban con síntomas depresivos. Se suelen sentir bastante incomprendidos tanto por sus familiares, como por los médicos. Todo el mundo se acaba cansando de sus quejas; en algunas ocasiones burlándose de ellas. Ellos acuden al médico porque realmente creen que lo que tienen es una enfermedad física. Sería tarea del médico darse cuenta de que el problema no está en su cuerpo sino en su cabeza, y por lo tanto, en vez de realizarle mil pruebas físicas, o negarse a ello sin más, deberían derivarle al psicólogo o psiquiatra adecuado. ¿Por qué puede aparecer este trastorno? Se ha visto que muchos de los pacientes Hipocondríacos han padecido de cerca alguna experiencia traumática, bien de enfermedades muy graves, o muertes de personas cercanos a ellos. También es común encontrar antecedentes familiares con actitudes y creencias hipocondríacas, de los cuales aprendieron a preocuparse por posibles enfermedades y...